Hay derrotas que simplemente duelen y se cierran. Y hay otras que, aunque dejan el vestuario en silencio y los ojos rojos, empiezan a transformarse en algo mucho más grande conforme pasan las horas. Eso fue lo que le pasó a Cabo Verde. Perdió contra Argentina, claro. Quedó eliminado de la Copa del Mundo, también. Pero cuando amaneció el día siguiente a haber llevado al campeón mundial hasta los treinta minutos de tiempo extra, el pequeño país africano despertó con algo raro y hermoso: la tristeza de lo que no pudo ser y el orgullo de todo lo que fue.
El debutante lo hizo. Sí, ese equipo que en la fase de grupos ya había sorprendido igualando con España y Uruguay. Ese que llegó al torneo como una curiosidad para muchos y terminó convirtiéndose en una de las historias más lindas de la competencia. Ante la Scaloneta volvió a la carga. Argentina tuvo que trabajar mucho más de lo que esperaba para dejar en el camino al conjunto africano y meterse entre los dieciséis mejores del Mundial. El 3-2 final no solo contó una clasificación argentina, también contó la resistencia, el atrevimiento y la personalidad de un equipo que jugó sin complejos.
Porque Cabo Verde no salió a sobrevivir, salió a competir. Se animó, golpeó, empató, hizo sufrir y obligó a mirar dos veces el tablero del Miami Stadium. Del otro lado estaban Messi, la camiseta campeona del mundo, una multitud celeste y blanca y una historia enorme. Pero enfrente también había una selección que entendió que en una Copa del Mundo, los sueños no piden permiso.
Sidny Lopes Cabral fue uno de los nombres de la noche. El delantero del Trabzonspor turco marcó el 2-2 con uno de los goles más espectaculares del torneo. Cuando llegó a la zona mixta todavía llevaba esa mezcla extraña de orgullo y dolor que dejan los partidos grandes. El gol había sido una obra de arte, pero él seguía pensando en la eliminación, en lo cerca que estuvieron, en ese ratito en el que Cabo Verde sintió que podía empujar al campeón contra las cuerdas. "Sinceramente tenemos un gran equipo, tenemos grandes cualidades, sabíamos que íbamos a hacer un gran partido y merecemos más, jugar con Argentina es especial y Messi es diferente", dijo. Sus compañeros argentinos lo felicitaron con palmadas y abrazos, pero Sidny estaba procesando el golpe. "Estaba más triste por el partido, no me di cuenta que me estaban felicitando, pero estoy muy agradecido por eso", contó.
Si hubo una cara que resumió la Copa del Mundo de Cabo Verde fue la de Vozinha. El arquero fue figura estelar ante España, Uruguay y Argentina. En pocos días pasó del anonimato para muchos al centro de la escena mundial. Su historia explotó desde el debut ante la Roja, cuando mantuvo el arco en cero y se ganó un lugar en el corazón de los neutrales. También influyó la historia de su madre, que inicialmente no pudo viajar por el alto costo del visado, pero después de hacerse mediático el caso logró estar presente desde el segundo partido. En el medio hubo emoción, familia, bandera, fotos y hasta un encuentro con Gianni Infantino. "El Mundial para nosotros significa mucho, porque era algo que merecíamos hace mucho tiempo. Conseguimos la clasificación y un sueño, no solo mío o de la selección, sino de todo el pueblo caboverdiano, estar aquí, competir con estas selecciones. Tenemos que estar con el corazón lleno y orgullosos. Obviamente, estamos tristes por el resultado, queríamos pasar a la siguiente fase, sabíamos que teníamos un rival muy complicado, pero caímos de pie. Ahora, descansar y pensar en el futuro", dijo en conferencia de prensa.
Después del partido, cuando ya no había piernas para seguir corriendo ni tiempo para seguir soñando, llegó otro momento que Cabo Verde guardará como recuerdo. Los saludos con los jugadores argentinos fueron sinceros, afectuosos, cargados de respeto. No hubo distancia entre el campeón del mundo y el debutante. Hubo fútbol. Fue el propio Messi el que elogió a Vozinha. "Me acerqué a Messi, me abrazó y me dijo: 'Eres un grande, tu gente debería estar orgullosa de ti'", contó el arquero. Para un guardameta que venía de sostener a su selección en partidos enormes, la frase fue casi una medalla invisible. Franco Colapinto, presente en el clima mundialista, también se sumó a los elogios. "Jugaron muy bien, metieron goles increíbles, Vozinha es increíble", dijo. Después hubo fotos, muchas fotos. Jugadores de Cabo Verde buscando una imagen con los argentinos, sonrisas todavía atravesadas por la eliminación y una química especial entre dos mundos muy distintos que se encontraron en una noche de Mundial.
Cabo Verde es un país insular de África, formado por un archipiélago ubicado en el océano Atlántico frente a la costa occidental del continente. Fue colonia portuguesa hasta su independencia en 1975, su capital es Praia y tiene alrededor de 525 mil habitantes. Por su historia, cultura y diáspora, mezcla raíces africanas con una fuerte influencia portuguesa. Ese pequeño país, al que muchos recién empezaron a mirar con atención en este Mundial, fue el gran cuento de Cenicienta del torneo. Su clasificación ya había sido una sorpresa. Su recorrido, una confirmación. Y su partido ante Argentina, una carta de presentación definitiva ante el planeta fútbol. Unos tres mil hinchas caboverdianos se acercaron al Miami Stadium. Le metieron color, canciones de aliento a Vozinha y ese clásico "Uh uh ah" que se transformó en un sello de su paso por esta Copa del Mundo. No eran mayoría, claro. Pero se hicieron escuchar como si estuvieran jugando en casa.
El día después, Cabo Verde ya no era solo el debutante simpático. Era el equipo que empató con España y Uruguay, que llevó a la Argentina al tiempo extra, que hizo sufrir a Messi y compañía, que perdió pero no se achicó. El que cayó de pie, como dijo su arquero, y se fue dejando una huella. Porque a veces los Mundiales también se tratan de eso. De países que llegan casi en puntas de pie y se van con nombre propio. De camisetas que muchos no tenían en el radar y terminan en la memoria. De una isla que por un rato se hizo gigante. Y de un equipo que no levantó la Copa, pero sí algo que también pesa: el respeto de todos.







