Las lágrimas rodaban sin parar por las mejillas del capitán. En Atlanta, después de una batalla épica contra Egipto, Lionel Messi no podía contener la emoción. Esas lágrimas eran el reflejo del sufrimiento de toda una nación, del alivio de sus compañeros y de la alegría del mejor que hemos tenido.
Una hora después del pitazo final, el rosarino habló con la voz temblorosa. "Volvimos a sufrir muchísimo pero esto es el Mundial y todos los partidos se están dando muy igualado, así que estoy muy feliz", expresó mientras sus compañeros festejaban en el vestuario y otros abrazaban a sus familias en las tribunas del estadio techado.
"Fue un alivio para todos, no es fácil levantar un 2 a 0 pero este grupo no baja los brazos nunca, intenta hasta el final. Tuvimos la suerte de conseguir el gol de Cuti rápido, lo pudimos dar vuelta y en los 90 minutos logramos el milagro", agregó el capitán con los ojos rojos. "Es una locura lo que hizo este grupo hoy y estoy muy feliz de que la gente pueda seguir disfrutando de lo que hacemos".
En el césped del imponente recinto de Atlanta, con sus pasillos de lujo y aire acondicionado, sucedió algo que parecía imposible hace apenas diez minutos. Los 40 mil argentinos en las tribunas y los 26 jugadores en cancha se fundieron en un abrazo único mientras cantaban cumbia y "que de la mano de Leo Messi". Los celulares explotaban en flashes. Las videollamadas cruzaban continentes. No importaba qué se decía: era un "vamos" fuerte con los puños cerrados. Cuando lo nombraron figura del partido, sus compañeros lo levantaron en el círculo central y lo revolearon por el aire. Ahí largó su primera sonrisa.
Después del aviso que había sido el partido contra Cabo Verde, los dos golpes de Egipto parecían decretar el final de la historia antes de tiempo. La sombra de Brasil, Portugal y Países Bajos sobrevoló el estadio durante buena parte del encuentro. Los egipcios complicaron la salida desde el primer minuto, y tras un centro desde la derecha llegó el gol de cabeza que puso el 1-0. El equipo de Scaloni nunca se sintió cómodo.
La primera aparición de Messi llegó recién en el minuto 18. Combinó con Enzo Fernández, quien habilitó a Tagliafico. El defensor ganó posición y lo derriban: penal. Como siempre, el capitán se hizo cargo. Pero el arquero Shoubir adivinó el palo y desvió el tiro. Segundo penal fallado en el torneo. Un récord incómodo: es el jugador que más penales erró en Copas del Mundo. Uno en Rusia, otro en Qatar, y dos en este Mundial 2026.
Con el 2-0 en contra, todo parecía sentenciado. Un equipo sin ideas, el as de espadas extenuado, y la última función acercándose. Pero esta es la selección de las mil remontadas. Con Cuti Romero descontando en el minuto 77, Messi avisó que todavía tenía resto. En el minuto 80 realizó una gran apilada sobre la derecha, centro atrás y Lautaro Martínez llevó el empate.
A los 38 minutos del segundo tiempo llegó el furioso remate que el 10 tomó dentro del área. El arquero la alcanzó a tocar, travesaño y gol. Lo gritó con todo la mayoría del estadio, el país y cada rincón donde hubo un argentino. El cabezazo de Enzo Fernández extendió la vida de la selección, al menos hasta el sábado.
Scaloni, todavía emocionado, rescató las palabras que Messi había dejado después de aquella dolorosa derrota ante Arabia Saudita en Qatar. Se refirió a este grupo: "No los van a dejar tirados, es así, es lo que se nota, lo que se palpa". Y le pidió a los jugadores que tomen a su capitán como ejemplo. "Es algo maravilloso".
De aquel Messi que salía con gesto adusto a este que choca las palmas de todos los chicos. De aquel que agachaba la cabeza en las frustraciones, a este que llora y se emociona sin tapujos. Todos crecimos con él. Todos nos emocionamos con él. Todos lloramos con él.







