Gualeguay se convirtió en un mar de gente este miércoles cuando Lisandro Martínez pisó su ciudad nuevamente. El defensor de la Selección Argentina regresaba después de quedar subcampeón del Mundial 2026, una derrota ante España que todavía pesa, pero nada de eso importó cuando vio las miles de caras que lo esperaban con los brazos abiertos. Los de su pueblo lo recibieron como lo que es: un campeón, un orgullo, un hijo que se fue y volvió con la frente en alto.
La Gobernación de Entre Ríos organizó un acto de dimensiones colosales donde lo declararon ciudadano ilustre de la provincia. Desde la madrugada, familias completas se apostaron en los alrededores del escenario. Chicos con la camiseta celeste y blanca, abuelos que vieron crecer a Licha en las calles de Gualeguay, vecinos que lo conocen desde siempre: todos querían estar ahí, todos querían tocarlo, todos querían decirle que estaban orgullosos de él.
Martínez fue él mismo en todo momento. Bajó del auto con esa sencillez que lo caracteriza, saludó a todos, firmó autógrafos hasta que le dolieron las manos, se sacó fotos con los pibes que lo miraban como si fuera un superhéroe. Cuando subió al escenario con la campera de la Selección puesta, la ovación fue tan fuerte que parecía que el lugar se movía. Ahí, frente a toda esa gente, tomó el micrófono con los nervios a flor de piel.
"Quiero agradecerles a todos por venir hasta acá. Para mí es un orgullo enorme representar a mi ciudad", soltó al principio. Pero lo que vino después fue lo que quedará para la historia. Cuando recordó Qatar 2022, cuando mencionó que esta vez no pudieron volver a ser campeones, la voz se le quebró. Se le cortó. Tuvo que hacer una pausa, respirar profundo. El silencio fue ensordecedor por un segundo, pero después vino una ovación que lo envolvió, que lo abrazó, que transformó el dolor en reconocimiento puro.
Antes de irse, Licha dejó un mensaje que resonará en Gualeguay por mucho tiempo. "Lo único que quiero es dejar mi legado en el fútbol. Hoy veo muchos chicos y les digo que crean en sí mismos, que luchen y que no se den por vencidos. Van a sufrir adversidades y gente que los va a tirar para atrás, pero con la ayuda de la familia, los sueños están para cumplirse". Fueron palabras que salieron del corazón, palabras de alguien que sabe lo que cuesta llegar, que entiende que no siempre se gana, pero que nunca hay que dejar de intentar.
La escena de Gualeguay le mostró al mundo algo que trasciende cualquier resultado deportivo. Licha volvió sin la copa, es verdad, pero regresó con algo mucho más valioso: el cariño incondicional de su gente. Eso que no se compra, eso que no se negocia, eso que permanece incluso cuando los títulos no llegan. En su ciudad lo ovacionaron como si acabara de levantar el trofeo más importante del mundo. Porque para Gualeguay, Lisandro Martínez es un campeón sin importar qué diga el marcador.
Así recibieron a Licha Martínez en Gualeguay.
— Sudanalytics (@sudanalytics_) July 26, 2026
Ufff, la cantidad de gente. ❤️🇦🇷 pic.twitter.com/0a6Gt4QuwD







