Boca logró meterse en los octavos de final de la Copa Sudamericana, pero la clasificación no tapó las grietas que todos ven. Después de sufrir una derrota 1-0 ante O'Higgins en los 90 minutos y resolver la serie recién en la tanda de penales, el mensaje desde adentro fue claro y directo: así no se puede seguir. Arruabarrena, Paredes y Merentiel ya habían hablado sin anestesia. Ahora le tocó el turno a Juan Román Riquelme, quien antes de abandonar Rancagua para viajar a Rosario, descargó toda su frustración con un análisis despiadado de lo que pasó en el campo de juego.
El presidente xeneize no anduvo con vueltas. "Tampoco podemos llevar todo al tema de la confianza. Uno como futbolista hace declaraciones para salir del paso muchas veces. Acá voy a salir de mi condición de dirigente y voy a hablar como jugador", comenzó. Y luego fue directo al punto que más le molestó: el gol que recibieron. "No te pueden hacer un gol de lateral. Si te lo hacen es porque no lo has hecho bien, no tiene que ver con la confianza. Un gol de lateral no te lo pueden hacer. Mejorando esas cosas chiquitas, ayer hubiéramos pasado. Nos hicieron un gol de lateral y sin eso no íbamos a penales", analizó con dureza.
El culpable de esa acción fue Nicolás Figal. El defensor perdió la marca después del lateral, no logró despejar con seguridad y su cabezazo terminó cayéndole servido a Panchito González, quien no perdonó y anotó el único tanto del partido. Un error defensivo básico que condenó a Boca a definir desde los 12 pasos. Riquelme fue claro en la diferencia entre un error propio y una virtud del rival. "Cuando entra uno a cabecear es virtud de ellos, como fue de Costa cuando entró a cabecear el centro de Paredes. Él la pone donde quiere. Si esa terminaba en gol, el técnico de ellos hubiera dicho que estuvieron distraídos, pero no, ahí es mérito del que ejecuta y del que cabecea. Pero no se puede errar un lateral", insistió.
Las palabras del presidente se sumaron a un coro de autocrítica que ya había comenzado. Arruabarrena sentenció que "así no vamos a ganar tantos partidos". Paredes reconoció que el equipo no pudo plasmar la idea del entrenador. Y Merentiel fue brutalmente honesto: "da bronca sufrir así". Todos en la misma sintonía. Cuando le consultaron sobre el penal picado de Tomás Aranda, Riquelme prefirió no meterse. "No soy técnico. Como dirigente trato de ayudar, que los muchachos estén bien y que el entrenador tenga un buen plantel", respondió con prudencia.
Más allá de la actuación puntual, Riquelme también explicó uno de los problemas estructurales que atraviesa Boca en este inicio de temporada: las lesiones. "Estamos muy contentos con el plantel. Algunas molestias nos complican. Nos pasó el semestre pasado con Cavani, Giménez y Merentiel. En este campeonato con Bareiro y Giménez, Belmonte se lesionó en un entrenamiento. Palacios intentó recuperarse rápido para estar en Chile y le volvió a molestar el aductor. Yo quiero que el técnico pueda contar con todos", explicó. Sobre el futuro inmediato, fue optimista: "Esperemos que Bareiro se recupere rápido. Estamos ilusionados con Battaglia para ver si en unos meses lo tenemos con nosotros. Lo que nos está pasando es que no podemos contar con el plantel completo en el inicio de la temporada".
Respecto al mercado de pases, Riquelme confirmó que hicieron lo que pidió el entrenador. "Buscábamos hacer lo que el entrenador quería. Él pidió un lateral derecho, un arquero y un delantero, y pudimos traerlos. Estábamos contentos hasta que aparecieron estas molestias. Lo que quede de tiempo del mercado, y si después está la chance de prestar a alguien al exterior, veremos", cerró. El mensaje fue inequívoco: en Boca ya no alcanza solamente con pasar de ronda. El club lleva más de tres años sin títulos, está afuera de los puestos de Libertadores en fase de grupos, sufrió una goleada contra Riestra, y tiene una seguidilla decisiva por delante. La clasificación en Chile dio aire, pero la exigencia es máxima.







