La Boca que se planta en Rancagua no viene a pasear. Con la clasificación a octavos de la Copa Sudamericana en la mira, el Xeneize busca sellar el boleto ante O'Higgins en una cancha chica y de visitante, donde cualquier tropiezo podría dejar un sabor amargo que nadie quiere probar. Es cierto que no es imposible, pero tampoco es un trámite: una derrota acá traería consecuencias que preferimos no pensar.
Rodolfo Arruabarrena sacó la artillería pesada para esta revancha. El DT mandará el mejor equipo disponible, con todos los refuerzos listos para entrar en cancha. La noticia de oro es el regreso de Leandro Paredes, el capitán y referente que se había tomado unos días de descanso y se perdió la goleada en contra contra Riestra. Con él de vuelta en el medio, Boca recupera su brújula.
Pero hay dos caras nuevas que marcan el camino del equipo. Leandro Lozano hace su debut internacional como lateral derecho, reemplazando a Dylan Gorosito. En el medio, Santiago Ascacibar entra en lugar de Leonel Flores, un cambio ofensivo que le da más músculo a la zona donde se define todo. El resto del equipo mantiene la base ganadora del 1-0 en la Bombonera, ese partido donde Boca mostró por qué es Boca.
El once que saltará a la cancha en Rancagua es de peso: Álvaro Montero en el arco; Leandro Lozano, Nicolás Figal, Ayrton Costa y Lautaro Blanco en la defensa; Santiago Ascacibar, Leandro Paredes y Milton Delgado en el medio; Tomás Aranda en apoyo; y Sebastián Villa con Miguel Merentiel en ataque. Es el equipo que Arruabarrena considera ideal para cerrar este capítulo de la Sudamericana.
Boca sabe que en Chile no hay margen para errores. La historia no se escribe sola, y menos en una cancha chica donde O'Higgins querrá escribir su página más gloriosa. Pero el Xeneize llega con lo mejor que tiene, con la intención clara de clasificar y seguir soñando en la Sudamericana. Todo está listo para una noche que promete ser de esas que se recuerdan.







