Un susto que paralizó el fútbol mundial. Christian Eriksen volvió a sufrir un desmayo en el campo de juego durante el amistoso entre Dinamarca y Ucrania que se disputaba en Odense. A los 65 minutos, el mediocampista danés se llevó la mano al pecho y se desplomó sobre el terreno, obligando al árbitro a suspender el partido de forma inmediata.
La escena rememoró instantáneamente el paro cardíaco que padeció el jugador de 34 años en la Eurocopa 2021, cuando enfrentaba a Finlandia. Aquella vez, el susto fue mayúsculo y lo marginó ocho meses de las canchas.
La acción rápida salvó el momento. El cuerpo médico danés actuó con precisión quirúrgica. Eriksen recuperó el conocimiento en el césped, logró comunicarse con los médicos y abandonó el campo por sus propios medios antes de ser trasladado en camilla al Hospital Universitario de Odense, donde fue acompañado por su familia en todo momento.
El mensaje que todos esperaban. A través de sus redes sociales, el ex Inter de Milán rompió el silencio con un comunicado que tranquilizó a propios y extraños: "Quiero que todos sepan que estoy bien y que estoy en casa con mi familia. Como probablemente podéis imaginar, recibir un shock por mi DCI ha tenido un gran impacto tanto en mí como en mi familia, pero quiero tranquilizar a todos diciendo que esta fue una situación diferente a la que ocurrió en 2021".
"Me siento bien y mi recuperación ya ha comenzado", agregó Eriksen, marcando una diferencia crucial con lo vivido hace cinco años. El danés también extendió su gratitud hacia todos los jugadores, el cuerpo médico que lo asistió en Odense y los profesionales que lo han cuidado "a lo largo de los años".
El antecedente que no se olvida. Desde aquel episodio de 2021, Eriksen juega con un desfibrilador automático implantado en su cuerpo, un dispositivo diseñado para activarse en emergencias como esta. Ese aparato le permitió relanzar su carrera bajo estrictas precauciones médicas. Esta vez, nuevamente fue clave para evitar lo peor.







