Un golpe inesperado frenó la segunda práctica del GP de Hungría. Franco Colapinto metió la pata a los 27 minutos cuando intentaba cerrar la curva 13 del circuito de Hungaroring. El monoplaza no respondió como esperaba, perdió adherencia y la trasera se estrelló contra los muros de contención con toda la violencia que caracteriza a estos impactos.
La bandera roja salió de inmediato. Los comisarios detuvieron la actividad en la pista para que los equipos de seguridad revisaran el estado de la barrera y limpiaran los restos del accidente. Colapinto, sin embargo, no tardó en tranquilizar a todo el mundo: "Estoy bien", fue lo primero que comunicó por radio desde el monoplaza. El piloto de Alpine se bajó del auto y fue trasladado en vehículo de seguridad hasta los boxes, donde lo esperaba un trabajo arduo para los mecánicos.
Ya en la zona de pits, el argentino se encontró cara a cara con Flavio Briatore, el asesor estratégico del equipo. Ambos intercambiaron palabras en lo que parecía ser un análisis inmediato de lo sucedido en pista. En esos primeros minutos después del golpe, seguramente repasaban qué había fallado, si fue un error del piloto, un problema técnico o simplemente uno de esos momentos donde todo se alinea en contra.
El daño en el W14 de Alpine era considerable. Los mecánicos tendrían que trabajar contrarreloj para reparar el vehículo de cara al tercer entrenamiento de este sábado. Mientras tanto, Pierre Gasly, su compañero de equipo, continuaría con los trabajos de desarrollo en la segunda mitad de la sesión.
Vale recordar que Colapinto ya había sido reemplazado por Paul Aron en la primera práctica, cumpliendo con las obligaciones regulamentarias de los equipos para dar minutos a los pilotos novatos. Ahora, con este accidente en la segunda sesión, el fin de semana en Hungría se presentaba más complicado de lo que imaginaba el talentoso piloto argentino.







