Ocho meses después de levantar la Copa Sudamericana en Asunción, Lanús volvió a meterse en la competencia por la puerta de atrás. El Granate no le alcanzó en la Libertadores, terminó tercero en su zona y cayó a los playoffs de esta Sudamericana. Pero ayer, en la Fortaleza, le pasó por arriba a Cienciano con un contundente 2-0 que lo deja con una mochila pesada de cara al desquite del miércoles en Cusco, a 3300 metros de altura.
El equipo de Mauricio Pellegrino arrancó sin ritmo, pero cuando la tarde pedía a gritos algo para llevarse, el Granate apareció cuando quemaba. Franco Watson abrió la lata a los 34 minutos del primer tiempo con un derechazo de media vuelta que no perdonó, y luego Lanús tuvo que sufrir lo suyo: jugó con un hombre menos por más de media hora después de que Lucas Besozzi viera la roja a los 15 del complemento por un pisotón sobre Gerson Barreto.
Con nueve contra once, el Granate no hizo agua. Sostuvo la pelota, controló el partido y en el tiempo cumplido llegó el golpe de gracia. Matías Sepúlveda, recién entrado, encontró espacio por la derecha, entró al área y remató. El arquero Ítalo Espinoza atajó, pero dejó el rebote servido en bandeja de plata. Ramiro Carrera no perdonó y selló el 2-0 que los mantiene vivos en la competencia.
Cienciano apenas molestó. Tuvo una que otra llegada sin claridad, un centro de Marcos Martinich a los 6 del segundo tiempo que Carlos Garcés casi convierte de cabeza, pero nada más. El equipo peruano saldrá a buscar la remontada en la altura de Cusco, pero con dos goles en contra y el Granate demostrando que sigue siendo un rival peligroso en esta competencia que ya conoce cómo ganar.
En octavos lo espera Botafogo, el gigante brasileño que será el siguiente rival si Lanús logra pasar esta serie. Pero primero, el miércoles en la altura, habrá que cerrar el boleto.







