Boca volvió a ser ese equipo que se reinventa dentro de los 90 minutos. Ayer en Vicente López, frente a un Platense que lo tuvo al borde del abismo, el Xeneize logró aferrarse a un empate 1-1 cuando parecía que se iba a casa con las manos vacías. Fue un partido de película de terror en la primera mitad y de redención en los últimos 15 minutos, pero que dejó tanto para preocuparse como para seguir soñando.
Después de la goleada que le propinó Riestra hace poco, Arruabarrena decidió no hacer cambios drásticos. El equipo llevaba ocho partidos en 23 días, las piernas pedían tregua, pero el técnico mantuvo la formación base para recuperarse en la tabla local, donde todavía anda fuera de los puestos de playoffs. La ventaja del 3-1 conseguido en la ida ante Recoleta por la Copa Sudamericana le daba cierto margen para respirar. Aun así, el empate no le suma mucho, aunque al menos le quedó la satisfacción de que Boca reaccionó cuando el reloj apuraba y las energías escaseaban.
En el primer tiempo, Boca anduvo perdido. Platense llegaba con más claridad y peligro, mientras que los de Arruabarrena no encontraban ritmo en el medio. Paredes, Delgado y Ascacibar no lograban conectar bien, y Platense estaba bien parado para cortarles el circuito. Aranda y Flores mostraban destellos de creatividad, pero después de la primera gambeta se les ensuciaba todo. Por la izquierda, Lozano era más efectivo que Blanco, que anoche no tuvo su mejor versión. El partido iba monocorde, insulso, sin un rumbo claro. Montero tuvo que estar atento en el arco, respondiendo con seguridad ante cabezazos de Vázquez y Giménez, y despejando un remate de Lagos que se metía en un ángulo. La lesión de Pellegrino fue la cereza del postre de una primera mitad que Boca quería olvidar rápido.
Con los cambios en el entretiempo, Arruabarrena metió a Costa por Pellegrino y a Merentiel por un Paredes que ya no daba más. El esquema se reacomodó: Ascacibar y Delgado armaron el doble pivote, Aranda pasó a enganche y Merentiel se convirtió en la referencia del ataque que faltaba. Villa tuvo su chance pero no la supo aprovechar, así que terminó siendo reemplazado por Velasco. Boca seguía sin encontrarse del todo, poco lúcido y con un despliegue insuficiente, lo que lo dejaba expuesto a cualquier contragolpe. Y claro, llegó el golpe: Retamar aprovechó un error defensivo tras un saque de arco largo de Cozzani para definir ante Montero. Platense se puso 1-0 arriba y Boca estaba al borde del precipicio.
Cuando todo parecía perdido, apareció un gol de Giménez para Platense que el VAR anuló por una mano del delantero surgido de las inferiores de Boca. Las repeticiones televisivas no fueron concluyentes, pero el árbitro Baliño rectificó su decisión inicial. Ese salvavidas le devolvió la vida a los de Arruabarrena, que salieron a buscar con todo. Aranda cruzó un pase perfecto para Ascacibar, quien habilitó a Merentiel, y el uruguayo se reencontró con el gol después de seis partidos. El empate llegó y Boca tuvo dos chances más para ganar, con situaciones en los pies de Merentiel y Velasco que no se concretaron. Así terminó: un empate que pudo haber sido derrota, pero que también pudo haber sido victoria. Boca terminó bastante mejor de lo que había empezado, y eso es lo único que le queda para llevarse de Vicente López.







