¡Qué sorpresa se llevó el Mundial de Estados Unidos, México y Canadá! En Atlanta pasó lo impensado: Cabo Verde le sacó un empate sin goles a la poderosa España, que tuvo un debut para el olvido.
No es cualquier cosa. Un archipiélago africano de apenas 500 mil habitantes —que hasta reclutó jugadores por LinkedIn— le metió un 0-0 a uno de los candidatos a llevarse la copa. Y lo peor para los españoles es que el resultado abre la cancha en el Grupo H, donde también están Uruguay y Arabia Saudita. De ahí saldrá el rival de Argentina en los 16avos de final.
La cara de Luis de la Fuente cuando terminó el partido lo decía todo. Preocupación pura. Y es que más allá del empate sin goles, el juego de España no fluyó para nada.
La impotencia de La Roja
Le costó un mundo a España encontrar líneas de pase para romper la defensa bien plantada del equipo africano. Impreciso, lento en los metros finales, sin profundidad. Tuvo el 74% de la pelota contra el 26% de Cabo Verde, pero eso no le sirvió de nada.
Es cierto que España es paciente, que hace un culto de la posesión. Pero con los minutos pasando, la inquietud crecía. Todo estaba trabado, sin ritmo. Hasta que en la última parte del primer tiempo el equipo español empezó a activarse. Presionó más Pedri, se adelantó Rodri, Cucurella aportó en ataque y Ferrán rompió por todos lados.
Entre los tres casi la clavan cuando Rodri pinchó una pelota de oro que Cucurella bajó para Ferrán, cuyo remate pegó en el travesaño. Vozinha, el arquero de Cabo Verde, le sacó el cabezazo a Oyarzabal en el rebote.
Ese Vozinha (Josimar Dias) fue la figura del partido. No solo por esa atajada, sino por varias más. Le tapó un zurdazo a Ferrán, sacó un cabezazo a Laporte. Con 40 años recién cumplidos, el portero africano fue un muro en defensa. En el segundo tiempo siguió descolgando centros y defendiendo su arco con una destreza que dejó a todos boquiabiertos.
Cabo Verde se abroquelaba bien en su 4-5-1, disciplinado, compacto. Solo sufrió en los últimos minutos del primer tiempo. Eso sí: en el complemento, cuando España salió a ser una furia, el equipo africano levantó la cabeza. Diney Borges sacó todo y hasta casi mete el batacazo con un cabezazo que quedó en manos de Simón.
España carece de potencia en el área. Oyarzabal no es un 9 de los de antes, y hace años que La Roja juega con un prototipo más parecido a un volante ofensivo que a un verdadero delantero. En este partido necesitaba otra cosa. Le faltó potencia, le faltó velocidad en los metros finales.
Por eso De la Fuente mandó a la cancha a Lamine Yamal en el tramo final, el joven prodigio del Barcelona que llegaba al Mundial recuperándose de una rotura fibrilar importante. Ingresó para desequilibrar pero no pudo. Se notó la falta de ritmo.
Para España hubiese sido un golpazo letal perder. Igualmente, se esperaba mucho más de La Roja. Pero defraudó en su debut mundialista.







