Una noche para olvidar en el Monumental. River tuvo todo servido en bandeja de plata, pero le faltó cintura para cerrar un partido que parecía ganado. Vélez no se rindió, metió presión cuando más falta le hacía y terminó rescatando un empate 2-2 que dejó a los de Núñez con la bronca en el cuerpo.
Los de Núñez salieron enchufados y rápidamente se pusieron en ventaja con un 2-0 que parecía sentenciar el encuentro. El Monumental respiraba tranquilo, la gente cantaba, todo pintaba para una noche de gloria. Pero el fútbol es traidor y a veces castiga la relajación con crueldad. Vélez metió un cambio de actitud en el segundo tiempo que River no supo contrarrestar.
El equipo de Liniers fue subiendo de a poco, encontrando espacios donde antes no los había. La defensa millonaria comenzó a tambalearse y los de afuera empezaron a creer. Un gol llegó, después otro, y de repente el partido que parecía perdido se transformó en un empate que sabe a derrota para los de casa.
River no pudo sostener la ventaja que había construido en los primeros 45 minutos. La falta de contundencia en defensa y la ausencia de claridad en ataque cuando más se necesitaba dejaron la puerta abierta para que Vélez metiera la cabeza. Los visitantes aprovecharon cada oportunidad que les regaló un rival que se durmió sobre los laureles.
El empate 2-2 deja a River sin poder cerrar la brecha en la tabla y con la sensación de que se escapó una oportunidad de oro. En el fútbol, cuando tenés a un rival en la lona no podés aflojar. Hoy en el Monumental aprendieron esa lección de la peor manera, viendo cómo Vélez se llevaba un punto que River había tenido casi guardado en el bolsillo.







