Se fue una de las figuras más respetadas del fútbol argentino. Miguel Ignomiriello falleció este viernes a los 99 años, dejando un legado que trasciende las canchas y se inscribe en la historia de varias generaciones de futbolistas. El "Patriarca", como lo conocían en el ambiente, fue mucho más que un entrenador: fue un formador de hombres, un innovador en las divisiones inferiores y una brújula para los técnicos que vinieron después.
La Plata lo reclama como propio, y con razón. Ignomiriello es una de las columnas vertebrales de la famosa "escuela pincha" que también engendró a Osvaldo Zubeldía, Carlos Bilardo y Alejandro Sabella. Pero su historia futbolística comenzó en Gimnasia a los 16 años, en el otro equipo de la ciudad. Lo extraordinario de Don Miguel fue que logró lo que muy pocos: trabajar en ambas instituciones rivales y dejar un hermoso recuerdo en cada una de ellas. En 1963 llegó a las inferiores de Estudiantes para dirigir al grupo juvenil campeón en 1965, la base que después conquistaría América y el mundo bajo las órdenes de Zubeldía. De esa cantera surgieron siete futbolistas que integrarían el equipo campeón intercontinental de 1968 frente al Manchester United.
Su paso por Rosario Central fue revolucionario. Cuando llegó para reorganizar las divisiones inferiores, pronto debió hacerse cargo de la Primera División. Implementó la doble jornada de trabajo, el riego por aspersión en la cancha, una pretemporada estructurada y creó un Departamento de Fútbol en la entidad canalla. Decisiones que parecen normales hoy, pero que en esa época fueron innovadoras. En ese contexto surgieron los jugadores que brillarían en los 70 y Ignomiriello se convirtió en maestro de Carlos Griguol como director técnico.
Su marca también quedó en la Selección Argentina. Fue el ideólogo de la famosa "selección fantasma" de 1973, aquella que con jugadores jóvenes y poco conocidos se entrenó un mes en La Quiaca y derrotó a Bolivia en La Paz 1-0, un resultado clave para clasificarse al Mundial de Alemania 1974. Fue estrecho colaborador del cuerpo técnico de Omar Sívori y lo reemplazó con éxito en la Copa Newton en Uruguay. También estuvo a cargo de la Sub 20, que se consagró campeona invicta en el Torneo Juvenil de Cannes con figuras como Mario Kempes y Ricardo Bochini. Su método, basado en la disciplina, la preparación integral y la búsqueda permanente de la superación, lo convirtió en referencia ineludible. Aunque también tuvo detractores: César Menotti se alejó de Rosario Central cuando Ignomiriello era su DT porque no compartía su metodología de entrenamiento y concentración.
Ignomiriello dirigió a San Lorenzo, Independiente, Nacional de Uruguay, Vélez, Platense y Chacarita, entre otros. Su última etapa como director técnico fue en 2013 en Parque del Plata, de Uruguay. Los reconocimientos llegaron a raudales: fue distinguido como Ciudadano Ilustre de La Plata, recibió el título de Profesional Distinguido de Rosario y, en octubre de 2025, el de Personalidad Destacada del deporte de la Provincia de Buenos Aires. En su última entrevista a fines de 2022, tras la consagración en Qatar de la Selección bajo las órdenes de Lionel Scaloni, celebraba que el DT hubiera tomado "algunos de esos valores surgidos de su pertenencia a la familia de Estudiantes". Recordaba a Scaloni desde su llegada al Pincha junto a su hermano Mauro, cuando Daniel Córdoba lo llevó como preparador físico. Destacaba sus "declaraciones mínimas y prudentes", su condición de "hombre de familia" y, sobre todo, "la decisión de quedarse a vivir en Europa, donde están los jugadores", cosas que "hablan de una persona que trabaja a conciencia y atiende tanto los detalles como las cuestiones esenciales".
Con la experiencia de casi nueve décadas viendo fútbol, Ignomiriello se permitía una reflexión emotiva sobre Lionel Messi. "Creía que Alfredo Di Stéfano había sido el mejor jugador, pero Messi me convenció de que es el más grande de la historia del fútbol mundial", decía al borde de la emoción. "Tiene su vida y la de toda su familia resuelta por varias generaciones; es alguien al que no le falta nada, y cuando entra a la cancha se juega la vida, no quiere perder a nada ni salir. Es un modelo a seguir para las presentes y futuras generaciones futbolísticas. Messi es Messi, nació Messi y eso lo hace único y, por suerte, es argentino".

