River está en crisis. A pesar de los millones invertidos en refuerzos, el equipo no encuentra rumbo y los hinchas ya no aguantan más. Tras la derrota ante Rosario Central, la paciencia se agotó: unos 200 aficionados irrumpieron en el hall del estadio Monumental para manifestar su descontento, un episodio que no se repetía desde hace aproximadamente 15 años. Los insultos apuntaron directo a la dirigencia, pero también hubo un pedido unánime que resonó en las tribunas: el regreso de Ramón Díaz a la dirección técnica.
La situación es alarmante. El Millonario acumula cinco derrotas consecutivas: comenzó con la caída en la final del Apertura ante Belgrano, continuó con la eliminación contra Aldosivi en los 16avos de la Copa Argentina, y ahora suma tres traspiés en el torneo actual que lo tienen en el fondo de la tabla de posiciones. Los resultados negativos generaron un clima de tensión que explotó el domingo pasado.
Los hinchas no se conformaron con abucheos y cánticos en las tribunas. El reclamo "que se vayan todos..." y los insultos a los futbolistas trascendieron el campo y llegaron hasta el interior del estadio. La escena fue impactante: aproximadamente 200 personas concentradas en el hall del Monumental pidiendo a voz en cuello el regreso de Ramón Díaz, el técnico ídolo que dejó libre tras su paso por Internacional de Porto Alegre. Un clamor que refleja la nostalgia por épocas mejores y la frustración con el presente.
Este tipo de manifestación no se veía desde los tiempos de Daniel Passarella, presidente entre 2009 y 2013. La imagen de hinchas concentrados en el hall fue particularmente frecuente durante 2011, cuando River vivió el trauma del descenso a la segunda categoría. Aquella cicatriz se cerró con el regreso a Primera División, y con la llegada de Rodolfo D'Onofrio en 2013 llegaron épocas doradas: 15 títulos en dos mandatos de cuatro años cada uno, incluyendo las Copas Libertadores de 2015 y 2018. Jorge Brito continuó esa línea ganadora entre 2021 y 2024, dejando un club con estadio moderno, economía sólida y cuatro campeonatos más. Ahora, bajo la presidencia de Stefano Di Carlo (asumió a fines de 2024), los aires son otros.
Di Carlo apostó por Pablo Longoria como director deportivo, un hombre con experiencia como presidente de Olympique de Marsella. Sus primeras decisiones incluyeron renovar a Marcelo Gallardo, pero los malos resultados lo llevaron a la salida. Luego llegó Eduardo Coudet con la promesa de revertir la situación, pero el superclásico perdido contra Boca y la derrota en la final del Apertura ante Belgrano mostraron que algo andaba mal en la estructura. La dirigencia respondió con un plan ambicioso de renovación.
Siete futbolistas fueron apartados del proyecto: Paulo Díaz, Maximiliano Meza, Germán Pezzella, Fabricio Bustos, Alex Woiski, Maximiliano Salas y Giuliano Galoppo. En su lugar, llegaron ocho refuerzos con una inversión que ya alcanza los 31 millones de dólares. Nicolás Otamendi fue el primero, como libre. Luego vinieron Mauro Arambarri (7 millones), Giovanni González (340 mil), el regreso de Rafael Santos Borré (2.5 millones) y Lucas Beltrán a préstamo. Pero el movimiento más importante fue la llegada de Ángel Correa por 15 millones de dólares. También se sumó Tobías Andrada (6 millones por el 70% de su pase). Y todavía falta cerrar: Thiago Almada podría convertirse en la compra más cara de la historia riverplatense con 20 millones por el 50% del pase.
Tantos refuerzos y tanto dinero invertido debería haber solucionado los problemas, pero River sigue sin levantar. El equipo de Coudet no responde, los resultados no llegan y la confianza en la dirigencia se evaporó. Los hinchas lo dejaron claro el domingo: no basta con gastar si el equipo no juega bien. La bronca en el Monumental fue el termómetro de una institución que necesita cambios urgentes, no solo en el plantel sino en la forma de jugar. Y mientras eso no suceda, los clamores por Ramón Díaz seguirán resonando en las tribunas.







