La odisea del Mundial 2026 quedó atrás. Después de un torneo agotador que llevó a Argentina hasta la final —donde cayó ante España—, Lionel Messi se merecía un respiro. Y lo tomó donde siempre: en Rosario, su tierra.
Sin detenerse en Buenos Aires ni en compromisos protocolares, la Pulga voló directo a Santa Fe el 21 de julio para encerrarse en la intimidad familiar. Durante una semana de pura desconexión junto a Antonela Roccuzzo y sus tres hijos, el astro rosarino se permitió relajarse de verdad. Reencontro con su padre Jorge, recorridas por las calles del sur rosarino y hasta una aparición en el estadio de Central Córdoba para ver jugar a Leones FC. Eso fue todo lo que necesitaba.
Pero todo tiene su fin. Pasadas las 22:30 del martes, Messi despegó desde el Aeropuerto Internacional Islas Malvinas en un vuelo privado rumbo a Miami. Se terminaron las vacaciones y comienza la cuenta regresiva para su regreso a las canchas.
En Inter Miami lo esperaban con los brazos abiertos, aunque sin prisa. Durante su ausencia —y la de Rodrigo De Paul—, el equipo rosa no se derrumbó: ganó 3-2 a Chicago Fire y 1-0 a Montreal. Nada mal para un equipo que estuvo ocho partidos sin su estrella durante el Mundial. La MLS, siendo pragmática, autorizó a todos los clubes a administrar individualmente las vacaciones y la recuperación de sus figuras. Por eso el rosarino quedó afuera del All-Star Game en Charlotte y tampoco jugará el sábado ante Columbus Crew.
El cuerpo médico tiene un objetivo claro: evitar sobrecargas musculares y asegurar que el regreso del capitán sea al cien por cien desde lo físico. No hay prisa. El primer partido oficial será el miércoles 5 de agosto, cuando Inter Miami debute en la Leagues Cup frente a Atlético de San Luis. Si los médicos consideran que necesita más ritmo de entrenamientos, la reaparición se postergará algunos días más: podría ser el sábado 8 de agosto ante Monterrey o el miércoles 12 frente a León. Lo importante es que vuelva en condiciones, sin riesgos.


