Después de días de turbulencia, Independiente se sacudió la angustia en La Fortaleza. El Rojo vapuleó a Lanús por 3 a 1 en un partido donde la psicología y la fortuna fueron protagonistas de primer orden. Una victoria que llega como bálsamo para un equipo que necesitaba recuperar la confianza perdida tras una seguidilla de golpes duros que incluyó su eliminación de las copas internacionales.
El panorama previo al encuentro no podía ser más disímil entre los protagonistas. Mientras que el Granate llegaba enchufado después de golear 3-0 a Talleres en la fecha anterior, Independiente cargaba con el peso de una derrota 4-0 ante Atlético Tucumán por Copa Argentina que terminó con la salida de Gustavo Quinteros. El club de Avellaneda anda a tientas en una transición donde apenas tapa baches con decisiones apresuras. La contratación del uruguayo Jadson Viera, un técnico que nadie tenía en el radar, es prueba de ello. También ficharon a Franco Calderón para reforzar la defensa, aunque todavía falta que se concreten algunos movimientos de mercado para que se incorpore al equipo.
Durante la primera mitad, Lanús dominó el balón con soltura. Agustín Cardozo, Ramiro Carrera y Dylan Aquino generaban peligro constante mientras que Independiente buscaba aferrarse al juego corto para recuperar la confianza. Pero entonces entraron en escena los travesaños. A los 24 minutos, Carrera conectó un centro en el área tras un córner, Rodrigo Rey desvió con los reflejos y el palo horizontal salvó el arco. Once minutos después le tocó el turno a Aquino, cuyo disparo superó la estirada de Rey pero impactó nuevamente en el hierro. El tercero llegó a los 36, cuando una secuencia de rebotes terminó con Lautaro Millán venciendo la resistencia del travesaño para poner el 1-0 a favor del Rojo.
El gol funcionó como catalizador. Al regreso del descanso, Independiente presionó arriba como nunca antes en el partido. Nahuel Losada se quedó corto en un pase a Felipe Peña Biafore, Millán se anticipó y selló su tarde estelar con el 2-0. Lanús no se desmoralizó y Allan Wlk descontó rápidamente para poner tensión nuevamente en el partido. Hasta los 30 minutos del segundo tiempo, el Granate desató una auténtica avalancha sobre el arco de Independiente. Wlk desperdició una clara a los 10, Rey tapó un tiro libre de Matías Sepúlveda a los 29 y le cerró un mano a mano a Yoshan Valois a los 33, demostrando que sigue siendo confiable en el arco.
Independiente necesitaba demostrar que podía sufrir y que el cambio en la conducción había servido para descomprimir un ambiente que se había tornado demasiado pesado. Y lo consiguió. Con Iván Marcone de líder, apoyado por Kevin Lomónaco y Zabala, más el debut como titular del joven Juan Miguel Arrayago de apenas 17 años, el equipo dirigido interinamente por Carlos Matheu aguantó el temporal. Hubo más esfuerzo que claridad defensiva, pero poco a poco fueron apaciguando el ímpetu del rival hasta que Maximiliano Gutiérrez selló el 3-1 en el descuento para calmar las aguas. Viera, mirando desde un palco, pudo sonreír por primera vez. Un partido no define una campaña en el fútbol argentino, pero tanto Lanús como Independiente se marcharon sabiendo que tienen intactas sus fuerzas mentales. Para entender el resultado, hay que preguntarle a los travesaños.







